Desde hace días vengo madurando la idea de escribir sobre el primer mes de vida de Samantha, y todos los cambios que ello implicó. No fue fácil compilarlo, se me escapaban detalles, confundía cosas de otros meses, obviaba algunas y es que para mi, el primer mes fue eterno y el más caótico. Creo que hasta me llegué a sentir incapaz, que me había quedado grande la responsabilidad y dudé si sería la mejor #Mamita para mi hija. Seguramente muchas de nosotras sentimos este cumulo de emociones al momento de recibir nuestro primer bebé en brazos; triunfo por ser oficialmente “mamá”, curiosidad por todo lo nuevo que sucede a partir de su nacimiento, emoción porque todo está para estrenar y casi nos sentimos jugando con muñecos o muñecas cada que los vestimos. Por eso, poder organizar mis ideas y sentarme a escribir no fue tarea fácil, pero aquí estoy, un Sábado cuando ella llega felizmente a sus primeros 6 meses de vida, y escribiendo de su primer mes. Espero que mañana cuando Samantha sea seguidora de este blog disfrute y se emocione tanto como yo mientras escribo estas líneas.

Al nacer el primer hijo, todo lo que sucede son sorpresas, no importa que hayas leído mil y un libros, revistas y páginas web, tu bebe es único y no obedece a ningún patrón, así que de nada servirán todas estas lecturas previas. Nuestra hija nació de bajo peso, 2.520 gr., por lo que sus cuidados y atenciones eran superiores por recomendación medica; gracias a dios, la clínica donde dimos a luz es pro lactanciaexclusiva, y desde que nació Samantha fue colocada en mi pecho y comenzó a succionar, aunque sinceramente yo no me sentía capaz de producir la cantidad de leche suficiente, pero su boquita me confirmaba que si, al quedarle una especie de “residuos blancos alrededor de sus labios” con apenas par de gotas de calostro que tomaba y además, se quedaba dormida comiendo y soltaba mi pecho. Conté con la amable atención de una matrona y varias enfermeras que me ayudaron a entender que no hay un tiempo determinado para lactar la bebe, un promedio de 20-30 minutos por cada seno y ella quedará satisfecha, y de no ser así ella pedirá de nuevo. Entender esto costó meses, porque como buena #MamáNovata sentía que mi bebe no la alimentaba bien y me daba terror que el sueño fuese superior al hambre y que se durmiera con hambre; así que entendí que lo mejor era: quitarse el reloj y darle el pecho hasta que mi bebé no recibía más, sacarle gases y a dormir.

Sacar gases; ay dios… Esto si me costó aprenderlo, hasta a la clínica fuimos a parar por falta de experiencia; la primera noche con la niña en casa fue tan estresante; se durmió a las 8 pm después de tomar su pecho normalmente y de sacarle sus gases como nos enseñaron en la clínica, es hora de dormir para todos; nos acostamos con el despertador al lado por que cada 3 horas debía despertarla y alimentarla, la niña comía a las 11 pm nuevamente, y así lo hizo, pero al terminar de comer comenzó un llanto desesperado, incontrolable y estresante; no era hambre porque separaba mi pecho con sus manos y sacaba la lengua como señal que no quería más. Mi mamá, la más experta después de 3 hijos tampoco lograba calmarla, comienza este llanto a las 12 am y así estuvo hasta las 6 am, intentamos TODO, cambio de ropa, tetero, cobijas, medias, pecho, masajes, cargarla en todas las posiciones, en fin, todo fue infructuoso. A las 8 am ya nos fuimos a la clínica, y al llegar con una bebe de tan bajo peso, escasos días de nacida y a una sala de urgencia las alarmas se prendieron por miedo a una infección a la niña; obtuvimos la mejor atención, todos los exámenes que se necesitaron se le hicieron y todo estaba normal. Hasta que una pediatra, que más que pediatra era mamá, nos dio sus técnicas de mamita para sacarle gases a los bebés; efectivamente, era un cólico de lactante por un gas que no le habíamos sacado, la doctora nos explica que le saquemos los gases de ahora en adelante colocándola encima del hombro con el abdomen apoyado, y colocarla sobre el brazo en posición boca abajo y golpearle la espaldita. Desde entonces y junto a unas gotas de probiótico no sufrimos más nunca de cólicos.

Bueno superamos la etapa del cólico, ahora nos preocupaba otro tema, desde el segundo día de nacida notamos cierto color amarillo en la piel de la niña, nos recomiendan desvestirla y dejarla solo con pañal y que tomara el sol de la mañana; pero no contábamos con la astucia que la fecha en la que nació la niña fue del peor invierno en la ciudad, así que sol no saldría por varias semanas y cada vez era más amarilla (amarilla Simpson); nos explica su pediatra en consulta que este amarillo se llama “Ictericia”, no es más que la coloración amarillenta de la piel y mucosas debido a un aumento de la bilirrubina; Muchos bebés sanos tienen un poco de ictericia en la primera semana de vida. Por lo general, desaparece espontáneamente. Sin embargo, la ictericia puede ocurrir a cualquier edad y ser un signo de que existe un problema y lo más recomendable es visitar a su pediatra con prontitud. Por recomendación de su pediatra, la colocamos frente a la ventana del apartamento diariamente por 15 minutos y donde solo hay luz natural pero nunca caen rayos de sol directamente y fue esto suficiente para que poco a poco la niña perdiera esa coloración amarilla y su piel tomara su coloración natural. Además de todos los cuidados, recibió sus primeras vacunas: Tuberculosis B.C.G y hepatitis B que además fueron gratuitas y de hecho se las colocaron el primer día de nacida y al segundo día en la misma clínica antes de darla de alta.

Todo esto que les cuento fue tan solo en la primera semana de nacida, donde contaba con la ayuda de mi mamá y de mi esposo, pero como lo bueno acaba pronto, mi esposo terminó su permiso de paternidad y ya éramos solas en casa mi mamá y yo con la bebe; llegó el momento de “Cortar y/o limarle las uñas a la bebé”, que increíble lo delgadas y cortantes que pueden ser estas primeras uñitas que tienen los bebes, son unas hojillas bebes. Había quienes me decían espera que se duerma para cortarles y otros me decían hazlo despierta; pues ni lo uno ni lo otro, dormida apretaba las manitos que no había forma cómo abriera el puño para poderle ver sus uñitas y limarlas; y despierta, mucho menos soltaba la mano. Por lo que decidí limarle y cortarle mientras ella tomaba de mi pecho, y entre hacerle muchos cariños a su vez le hacia su manicure para que no se diera cuenta, fue realmente la técnica que me funcionó.

Posterior a esto, llegó el primer baño; debo admitir no fui capaz, tuve que pedir ayuda a mi mamá quien tenía más fortaleza para hacerlo y creíamos que más practica, en su haber ya había bañado a tres bellos niños (mis hermanos y yo) por muchos años. Me daba pavor ver el agua, la bañera, jabón y un cuerpecito tan delgado y a mi parecer endeble, me causó tanto temor que estuve al lado de mi mamá en todo momento facilitándole lo que necesitaba pero me daba terror agarrarla con manos mojadas y se me deslizara a la bañera; ya en los siguientes baños me llené de valentía y confianza, y ya bañé a mi niña con todo el cuidado que esto implica y la bebé sin duda sintió mi confianza y sin llanto alguno se bañó.

Creo que un punto delicado, y comprendido por muy pocos son las visitas de extraños a bebés recién nacidos. Es sin duda emocionante saber que los amigos ya son padres y queramos visitarlos para conocer a su bebito; pero son pocos quienes entienden lo delicado que esto puede ser, particularmente, a nuestra bebé le prohibieron recibir visitas durante el primer mes, ya que había epidemia de gripes y si le sumamos que fue una bebe de bajo peso, pues sencillamente no debía recibir visitas en ese período de adaptación; hubo personas que no comprendieron esta restricción, y por el contrario se molestaron, pero como bien me dijo el pediatra en su momento, al que no le guste pues que… fue hasta después de los 40 días de su nacimiento cuando ya comenzamos a recibir visitas sin que la cargaran, la veían como una obra de arte, que se ve pero no se toca; también por consejo del pediatra.

Y así concluyó el primer mes de Samantha, entre carreras, su primera sonrisa, sorpresas, estreno de emociones y miedos; y lo mejor, construyendo lazos de amor y amistad día a día con la mayor bendición que nos podía enviar diosito.