Conócelo, palpándolo.

Tu médico o la enfermera, al palpar, se darán una idea de la posición de tu bebé. Tú también puedes intentarlo. Para lograrlo, juega a tratar de adivinar palpándote con tus manos planas dónde están sus codos, hombros, rodillas y pompis. Su espalda la percibirás como una superficie lisa, convexa, colocada en el lado contrario de una serie de pequeñas irregularidades que son las manos, los pies y los codos.

Hacia este tu octavo mes de embarazo, sentirás su cabeza seguramente cerca de tu pelvis. Su cabeza es redonda, firme y después de empujara, vuelve a su posición inicial sin que se mueva el resto de su cuerpo. Sus pompis tienen una forma menos regular y son más suaves que su cabeza. Para localizar su latido del corazón, dependerá de si está de cabeza o de pompis. Es decir, si tu bebé ya se encuentra de cabeza, su corazón será detectado en la mitad inferior de tu abdomen; su latido será más sonoro si su espalda está en la parte frontal de tu abdomen. De cualquier manera, el ultrasonido es lo que de manera totalmente confiable te mostrará su posición exacta.

Posición de Cabeza

A pesar de que ya estás en tu octavo mes de embarazo y el momento del parto se acerca, es demasiado pronto para resignarte a que tu bebé no se ha acomodado de cabeza. La mayoría de los bebés giran y se disponen cabeza abajo entre las semanas 32 y 36. Sin embargo, hay algunos que mantienen a sus papás y al ginecólogo en suspenso hasta unos días antes del parto.

Posición Sentado

Actualmente, no hay certeza médica de que el realizar ejercicios determinados consigan que un bebé en posición de pompis gire sobre sí mismo dentro del útero. Pero tampoco hay prueba de que este tipo de ejercicios que recomiendan algunas enfermeras sean perjudiciales. Son pocos los bebés que adoptan la posición de nalgas hacia el término del embarazo. Esto generalmente sucede si el bebé es más pequeño de lo normal y no llena el útero, si tu matriz tiene una forma diferente a la habitual, si hay exceso de líquido amniótico, si estás esperando más de un bebé y si has tenido otros bebés y tu útero está más relajado. Si tu situación es ésta, necesitarás platicarlo con tu médico. Recuerda que sólo tu ginecólogo tiene la experiencia necesaria para tomar la mejor decisión en relación a lo que más te convenga, tener un parto natural o cesárea. De hecho, por regla general, los bebés de menos de 36 semanas que vienen en esta posición, nacen por cesárea.

Posibilidad de Parto Natural

Para permitir que en estas circunstancias se de un intento de dilatación para parto natural, tu médico seguramente analizará si tu bebé se encuentra en la posición de pompis con las piernas dobladas contra la parte anterior del cuerpo y su cabeza doblada sobre su pecho; si se encuentra encajado en la pelvis cuando comience el parto; si no hay evidencia de que exista placenta previa, prolapso del cordón umbilical o sufrimiento fetal que pueda ser fácilmente controlado; si tu bebé no pesa más de 4 kilos para que de esta manera pueda pasar por la pelvis pero que tampoco pese menos de 2.500 kilos; que tú no presentes ningún problema médico y obstétrico que pudiera complicar el parto natural; que no hayas experimentado partos con dificultad; que el tamaño de tu pelvis sea el adecuado y además tu médico se cerciorará de que todo esté preparado para una cesárea de emergencia en caso necesario. Si tu ginecólogo decidió permitir la dilatación y todo va bien, lo dejará continuar. Pero si no progresa o si el cuello de la matriz se dilata lentamente, realizará una cesárea. Es absolutamente necesario un registro continuo electrónico del bebé. Es posible que se te administre un bloqueo nervioso epidural para impedir que empujes con demasiada intensidad antes de que hayas dilatado totalmente para evitar que el cordón quede comprimido entre el bebé y tu pelvis. También puede ocurrir que tu médico decida administrarte anestesia general cuando el bebé ya esté a medio camino para que el parto se lleve a cabo de manera más rápida. Puede que tu ginecólogo utilice fórceps para mantener la cabeza adecuadamente flexionada y para ayudarla a salir sin jalar demasiado del cuerpo o del cuello. En estos casos es también frecuente practicar una episiotomía para facilitar el proceso.

Cesárea

Otros médicos prefieren practicar la cesárea de manera rutinaria cuando el bebé presenta esta posición. Sin embargo, a pesar de planear este tipo de intervención, llega a darse el caso de que la dilatación es tan rápida que las nalgas del bebé resbalan introduciéndose dentro de la cavidad pélvica antes de que se inicie el proceso quirúrgico, por lo que es probable que el médico intente el parto natural en lugar de una cesárea apresurada.

Posibilidad de Giro

Algunos médicos cuando ya está próxima la fecha calculada, si el bebé se encuentra aún en posición sentado, colocan las manos sobre el abdomen de la mamá y de manera suave desplazan al bebé hasta cambiarlo gradualmente de posición. Generalmente, el médico se guía con ultrasonido para llevar a cabo este giro. El estado del feto es controlado continuamente para asegurarse de que el cordón umbilical no quede accidentalmente comprimido y que la placenta no se lesione. Esto se realiza mejor al final del embarazo o incluso en las primeras fases del parto, cuando el útero se encuentra aún relativamente relajado. Después del giro, la mayoría de los bebés prevalecen en la nueva posición lo que minimiza la posibilidad de practicar una cesárea. Sin embargo, hay otros bebés que regresan a la posición de nalgas antes del parto.

Hay médicos que dudan en usar este procedimiento debido a la posibilidad de que surjan complicaciones. Por lo que sólo ginecólogos preparados para llevar a cabo esto y para realizar una cesárea de emergencia, pueden ponerla en práctica.