Son las cinco de la mañana, Victoria lentamente se quita su pijama, está cansada, ha dormido sólo tres horas; hoy es su examen profesional, pero necesita despejar su mente y decide ir a correr como todos los días desde que tenía 13 años. Se pone su pants preferido y sus tenis que le han acompañado durante varios kilómetros a recorrer las calles de Guanajuato.

    “Hoy es el día, tendré que aprobar mi examen, después de tantos esfuerzos de mis padres para darme una profesión, no puedo fallarles”, se dice frente al espejo, mientras recoge su largo y sedoso cabello, se coloca una gorra y sale de su casa.

    Después de una hora de ejercicio, Victoria regresa más tranquila, se prepara un licuado y decide darse un baño antes de ir a la universidad. Ve el reloj, son las siete de la mañana, a las nueve tiene programado su examen.

   — ¡Mamá, papá, hermanos, despierten se hará tarde tenemos que irnos tengo que estar en la universidad a las 8:45!

—      Calma, hija aún es temprano llegaremos a tiempo, no te preocupes, prepararé el desayuno mientras se bañan y arreglan— dijo su madre.

   Victoria es una joven muy alegre, sencilla, con muchas ganas de vivir, con  muchos planes y proyectos. Una vez que tenga su título de licenciada en Administración de Empresas, se encargará de la gerencia de la fábrica de zapatos donde ha trabajado intensamente. Ése lugar se lo ha ganado a pulso, pues nunca faltó un sólo día y su alto sentido de responsabilidad le permitió,  cumplir con su trabajo y estudios; eso lo aprendió  de su madre, quien siempre le dijo:

“Lo que vayas a realizar, hazlo bien o mejor no lo hagas”

La familia Esparza sube a su auto, un viejo Mercedes Benz, que su hijo el mayor, Renato, le regaló a su padre con mucho esfuerzo. Llegan a la Universidad de Guanajuato y empiezan a subir la escalinata. A la entrada está su novio Arturo que le espera ansiosamente.

—      ¡Hola mi amor!, estoy muy nervioso.

—      Tranquilo Arturo, quien presentará el examen profesional soy yo.

—      No puedo evitarlo, después de tu examen, durante la comida les daremos la noticia como acordamos, ¿verdad?

—      ¡Por supuesto!, sabes que todo está planeado, ahora vamos al salón que ya me están esperando.

Entran al amplio salón y ahí están los sinodales que saludan y dan la bienvenida a Victoria. Se coloca en el lugar que le indican y atrás se acomoda su familia y Arturo. El lugar está completamente lleno. Ahí están sus amigos y compañeros. Victoria tiene el cariño y respeto de todos, y hoy no pueden faltar a tan importante cita.

Las preguntas inician, una a una es respondida con seguridad y tranquilidad por ella. Después de dos horas de un intenso cuestionamiento y análisis de su tesis, el jurado se retira para deliberar… Minutos  más tarde regresan para dar su fallo:

—      Victoria, ¡felicidades, estás aprobada y con mención honorífica!

Todos los presentes le dan un fuerte aplauso. Ella sonriente abraza a sus padres, hermanos, amigos y compañeros, a su lado permanece Arturo, orgulloso de su novia. Salen del lugar y se dirigen a un tradicional restaurante de Guanajuato.

La reunión para celebrar el examen profesional, era solo familiar, ahí permanecen juntos Victoria y Arturo, quien con una copa en la mano dice:

   — Quiero expresar mi felicidad por ser novio de una mujer tan extraordinaria como Victoria, y ahora en este momento deseo pedir la mano de su hija. La amo y deseo formar una familia tan unida y hermosa como la de ustedes.

Los padres de Victoria sorprendidos se levantan y tomados de la mano le dicen:

— Arturo eres bien recibido en nuestra familia, siempre has sido respetuoso con nuestra hija y sabemos que la amas, tienes nuestra aprobación. ¿Ya tienen pensado cuándo será la boda?

— Tal vez crean  que es muy pronto pero deseamos hacerlo en diciembre, dentro de cuatro meses— respondió Arturo.

—      ¡Muy bien!, pues adelante— dijo don Tomás, papá de Victoria.

Llegó el día de la boda, la ceremonia fue sencilla, llena de amor, armonía y felicidad, la familia de ella estaba muy feliz, no así los padres de Arturo que nunca aprobaron ese matrimonio; sólo se hizo un brindis en un pequeño jardín y de inmediato se fueron a su luna de miel. Arturo con sus ahorros había decidido que ese sería un gran viaje para ambos, su destino: las playas de Cancún.

El tiempo transcurrió rápidamente, tenían  cuatro años de casados y eran padres de una hermosa niña a quien bautizaron con el nombre de Alma. Victoria nuevamente embarazada estaba a punto de dar a luz, faltaban sólo 15 días para el nacimiento de su segundo hijo. La emoción era muy grande, sabía que sería niño y ante el reciente fallecimiento de su padre había decidido llamarlo como él,  Tomás.

Era 25 de agosto, recordó que cuatro años antes estaba presentando su examen profesional y hoy estaba en una cama fría de la sala de partos. Los dolores eran intensos, pero no le importaba, quería ya tener a su segundo hijo en brazos y darle todo el amor que sentía por él.

Afuera, estaba su esposo, mamá y hermanos. El nerviosismo predominaba, el ambiente era tenso, algo inexplicable hacía que el corazón de doña Amalia, mamá de Victoria, latiera  fuertemente. Sólo oraba en silencio.

Victoria decidió que no le aplicaran anestesia, quería estar totalmente consciente cuando naciera su hijo, los dolores cada vez eran más continuos y fuertes.

—      Victoria, ¡veo la cabecita de tu bebé, puja, sólo un esfuerzo más!

— ¡Eso hago doctor, pero ya no soporto más, el dolor es demasiado!

—      ¡Eres una mujer que no se rinde, anda tu puedes!

—      ¡Sí, es mi bebé, y lo amo!

—      Vamos,  Victoria, ¡una vez más!

Ella pujó, una vez más y el bebé nació. El llanto de Tomasito se escuchó un poco débil,  pero estaba vivo…

El doctor recibió al pequeño bebé y quedó sorprendido:

—      Es un bebé fuerte, pero…— dijo en voz baja el doctor.

—      ¿Qué dijo doctor, qué tiene mi bebé?

—      Tranquila, vamos a limpiar y a revisar a tu bebé…

—      No doctor, ¡dígame que está pasando! ¿Mi bebé está bien, está completo, qué le pasa? ¿Está sano?—  gritó desesperada.

—      Mira Victoria, lamento decirte esto, pero, no es fácil…tu bebé tiene síndrome de Down.

—      ¡Eso no puede ser doctor! Mi esposo y yo somos personas sanas, practicamos deporte, no tenemos ningún vicio, nadie de nuestra familia tiene antecedentes, ¿Por qué a mí? ¿Dios mío por qué? ¡Quiero verlo, déme a mi bebé¡

El doctor pide a la enfermera que le dé al bebé y se dirige a donde está la desconsolada madre.

—      Aquí tienes a tu pequeño hijo —  le dijo el doctor.

Victoria levanta los brazos y recibe a su bebé, le da un beso en la frente y le dice:

—      Hijito tu estás bien, no puedes tener síndrome de Down, no te mereces pasar por esto, seguro es una pesadilla, no puede estar pasando…

—      ¡Por favor! que venga mi esposo, no puedo enfrentar sola esto que estoy viviendo…

Arturo sin saber aun lo que sucede, entra y lentamente se acerca a Victoria.

—      ¿Qué pasa mi amor, me pidieron que entrara, te sientes bien, nuestro bebé cómo está?

—      Mira es Tomás, nuestro hijito, pero no está bien, el doctor me ha dicho que tiene síndrome de Down.

—      ¡Eso no puede ser, los dos somos sanos! No estoy preparado para una situación así, perdóname,  no puedo verlo…

Arturo sale rápidamente del quirófano mientras que Victoria no puede creer que su esposo la deje ahí sola con su bebe. Siente que se hunde en un pozo profundo, y abrazada a su bebe llora desesperadamente, nunca pensó que se enfrentaría a una prueba tan difícil de la vida.

—      ¡Dios mío tú nunca me has abandonado!, dime ¿qué puedo hacer?

—      Hija aquí estoy contigo,  ¿qué pasa?

—      Mami, es mi hijito, tiene síndrome de Down.

—      Mi niña tranquila, todo estará bien, si Dios te ha enviado a un angelito así, es porque sabe que tu lo sacarás adelante, no será fácil, pero tu siempre has demostrado que eres una mujer fuerte.

    Un año después apareció Arturo sólo para pedirle el divorcio, porque ya estaba con otra mujer con quien “era muy feliz y no tenía una vida tan complicada como la de Victoria”.

—      Quiero que nos separemos, no tengo más nada que hacer contigo y tus hijos.

—      ¡Claro, huyes como un cobarde!, y no son mis hijos, son nuestros hijos, ¿dónde quedó el amor que decías tenerme para “toda la vida”? ¡Qué pena me das!, por supuesto que nos divorciaremos, no merezco estar al lado de un tipo como tú, no eres un verdadero hombre.

    Pasaron tres años, Victoria con su trabajo y empeño logró que con las atenciones del CRIT de Guanajuato, Tomasito creciera y desarrollara sus habilidades y aptitudes; ahora era momento de elegir una escuela para él, y con ello, empezó otro reto.

En los jardines de niños que visitó, los pedagogos al ver la condición de su hijo le decían que no aceptaban a niños “enfermos”. Después de varios días encontró un lugar donde había pequeños en situación similar, ahí con paciencia y cariño, los chicos aprendían sus primeras letras y conocimientos básicos.

Para cursar sus primeros años de primaria no fue tan complicado, Victoria contó con la ayuda de su hermana, que al ser maestra de una escuela pública, logró que estuviera con ella, sin embargo para Tomás no fue fácil, los niños se burlaban de él y no lo aceptaban,  pero a él no le importó, porque sabe que tiene que aprender a ser autosuficiente y salir adelante en la vida.

Doña Amalia tenía mucha razón, sólo a seres humanos tan extraordinarios como Victoria, Dios pone en sus manos a personas tan especiales como Tomás. Ella sigue luchando por su familia y nunca se ha dado por vencida, es una mujer muy  fuerte y valiosa. No todos podemos enfrentar una situación tan adversa.

Victoria, eres verdaderamente admirable, y por supuesto Tomás, es un niño muy cariñoso que todos adoramos, cuando nos rodea con sus brazos sientes el amor que tiene por ti. Es un ángel que día a día trabaja por salir adelante y hacer de su vida una esperanza para todos.