Muchos padres, en busca de calmar a sus hijos cuando lloran incesantemente, suelen estremecerlos o sacudirlos, dejando graves consecuencias. Esta sacudida violenta, aunque no lo crean, generará un precario paso del oxígeno al cerebro llegando a desencadenar  convulsiones.

Las consecuencias son tan graves que pueden dejar como resultado un coma o incluso la muerte, entre los más afectados están los niños  recién nacidos y también los de 4 y 6 años de edad.

En algo tan común, como lo es el llanto de un niño, lo importante será mantener la calma para así evitar consecuencias mayores y desenlaces lamentables. Dicho esto, dejamos a continuación una explicación más amplia de lo qué se trata este síndrome.

Causas

La causa de este síndrome es la sacudida brusca que genera traumatismos o lesiones  en el cerebro de la criatura. El estremecimiento violento que soporta el delicado cerebro del niño puede dejar inflamaciones, hemorragias y hematomas. Esto, con frecuencia, termina en contusiones y daños que pueden llegar a causar la muerte.

Se produce, cuando uno de los padres o quién cuida al niño, lo sacude fuertemente porque no se calma y su llanto de vuelve insoportable. Aunque esta reacción en el adulto no siempre suele estar planificada, hay que tener cuidado y evitar hacerla.

Esto generalmente ocurre cuando:

  • Se vive bajo situaciones de estrés crónico.
  • Hay violencia en el hogar.
  • Familias disfuncionales.
  • Cuando uno o ambos padres, o quien cuida al niño, consume drogas.
  • Madres o padres solteros.
  • Juegos bruscos.

Es muy importante que los adultos conozcan de lo que se trata este síndrome y cómo pueden evitarlo. Saber que un menor, por ningún motivo, debe ser víctima de maltrato o cualquier otro tipo de vejación. Si en repetidos casos, el padre o la madre no pueden llevar el caso, será preciso buscar ayuda.

Síntomas

Para reconocer que un niño está sufriendo de síndrome de bebé sacudido hay que tener en cuenta:

  • Los niños se suelen tornar agitados, irritables, y violentos.
  • Manifiestan poco apetito.
  • Suelen sentirse agotados, no pueden mantenerse despiertos.
  • Presentan dificultades respiratorias, llegando varias veces a la asfixia.
  • Son recurrentes los vómitos.
  • Su piel se torna pálida o azulada.
  • Los niños pueden presentar convulsiones muy seguidas.
  • Su llanto se vuelve más incesante.
  • Puede haber parálisis cerebral.

Aun cuando las lesiones no sean visibles de una vez, hay que estar atentos ante la presencia de algunos de estos síntomas. En ocasiones, los hematomas pueden reflejarse en el rostro, otras veces, lesiones internas como derrames cerebrales y vasos sanguíneos rotos en los ojos, daños en la médula espinal, costillas rotas, entre otros. Hay que destacar también que, muchos de estos casos, derivan de un maltrato infantil previo.

Sea cual sea la magnitud de estas sacudidas violentas, hay que evitar hacerlas, en mayor o menor grado, pueden dejar consecuencias irreparables en el niño. No hay una escuela para padres, pero lo mejor será ir aprendiendo en el camino, saber que los niños también merecen respeto y el cuidado necesario para su desarrollo integral.