La teoría de la mente hace referencia a la capacidad de atribuir estados mentales a uno mismo y a los demás, entendiendo que pueden diferir entre sí y que no necesariamente reflejan la realidad.
Sentir, pensar, creer, conocer, desear, soñar, imaginar, engañar… son términos que designanestados mentales. La mayoría de las personas tenemos una habilidad «automática» para atribuir estados mentales a los demás y relacionarlos con sus acciones. Esto nos permite comprender y predecir las intenciones y conductas de otras personas.
Cuando observamos cualquier tipo de actividad o secuencia de actividades llevadas a cabo por una persona o grupo, tratamos de buscarles un significado haciendo hincapié en las intenciones que las generan. Partimos del supuesto de que los comportamientos humanos son guiados por representaciones, creencias y deseos internos y suponemos, que al igual que nosotros, el resto de personas tienen su propia interioridad.
Cada uno de nosotros, posee su propio mundo interno de experiencias que puede compartir con los demás. Lo hacemos continuamente, cuando hablamos con otra persona, discutimos, nos miramos con intención de comunicar algo… Incluso los bebés comparten experiencias con su entorno, por ejemplo, cuando les señalan a sus padres un objeto con el fin de mostrárselo. Todos, cuando compartimos nuestras experiencias con el resto (independientemente del nivel de complejidad alcanzado en esta transmisión), les atribuimos, necesariamente, un mundo experiencial.
Esto, al ser algo tan natural, tan claro y evidente, puede parecernos que implica un proceso sencillo o simple, sin embargo, poder atribuir estados mentales a otros y comprenderlos como causas del comportamiento, supone haber alcanzado ciertas competencias que nos permitan introducirnos en los mundos mentales propios y ajenos:
– Distinguir entre la mente y el mundo material como fenómenos independientes.
– Comprender que la mente es un mecanismo generador de representaciones del mundo.
– Entender que las representaciones mentales del mundo no reflejan necesariamente la realidad (Ej. mentira, engaño, falsa creencia) y que por lo tanto, las representaciones mentales de otras personas pueden diferir de las nuestras.
Se considera una «teoría» porque las representaciones mentales son experiencias internas y como tales no son observables de modo directo. Sin embargo, a partir de ellas se pueden hacer inferencias y predicciones sobre la conducta propia y ajena. Así, los estados mentales cumplen un papel explicativo de la conducta convirtiéndose en constructos teóricos con los que elaboramos una teoría de la mente propia y de los demás. De esta manera, algo que pertenecía a la experiencia interna pasa a ser «observable» y susceptible de estudio.
